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Enero 1, 1988
- Fiesta de María, la Madre
de Dios.
La estatua de la Santísima Madre derramó sangre por sus ojos y nariz
desde aproximadamente las 10:15 a.m.
Ella se presentó ante mí en mi éxtasis.
Ella habló llena de dolores y derramando lágrimas de sangre. Yo estaba llorando de dolor.
LA SANTÍSIMA MADRE:
En estos tiempos cuando todo el mundo necesita de la unidad, esta nación
(Corea) está siendo dividida y no
pueden amarse los unos a los otros. Es
muy doloroso estar dividido entre el Sur y el Norte. ¿Por qué desconfían, odian y se tienen resentimientos unos a
otros y se enfrentan y se pelean unos con otros? Todos ustedes son hermanos, una nación e hijos de un Dios.
Julia: ¿Qué debemos hacer?
LA SANTÍSIMA MADRE:
Reza para que estén unidos.
Ofrece reparaciones y oraciones.
También pídele a todos los sacerdotes que ofrezcan oraciones fervorosas
de Rosarios por la unidad, para recordar la voz del Señor en la Cruz, todo el
tiempo, para evitar el enojarse y para hacer reparaciones por los pecados de
aquellos que hacen mal sin darse cuenta.
Ellos se convertirán a su debido tiempo.
Dios Padre iba a castigar (este país) severamente a causa de los
intensos problemas, pero los pequeños sacrificios y las penitencias ofrecidos
por los pequeños junto conmigo ayudaron a evitar esto. Sin embargo, se requiere más
penitencia.
Hoy reuniré a todos ustedes bajo mi manto. Ya que tú conoces mis dolores, quiero que difundas mis mensajes a todos para que mis
amados hijos puedan recibir la luz de mi Inmaculado Corazón y que mis lágrimas
y sangre no fluyan en vano.
Como ya te dije antes, el Rosario derrota a los demonios. Dile a todos los fieles que ofrezcan cinco
decenas más de oraciones del Rosario.
Si rezan más por la unidad de este país, se salvará de una
calamidad.
Julia: ¡Mi Madre María! ¡Mi amada Madre que está sufriendo a causa
de la división de mi país y a causa de la falta de armonía dentro de mi
país! Rezo para que todos tus deseos se
realicen de modo que sea para la gloria del Señor y una causa de nuestra
gratitud sin fin.
Enero 10, 1988
- Fiesta del Bautismo de
Jesús.
Debido a la severa fatiga y a los dolores, me fui a la cama temprano
pero no me podía dormir. Ya que mi
cabeza estaba llena de pensamientos acerca de la Santísima Madre, me levanté y
me fui a la Capilla a las 11:15 p.m. y empecé a rezar el Rosario. Solamente había rezado una decena para las
12:40 a.m., pues estaba llorando con la Santísima Madre.
Entré en éxtasis en ese momento y vi la Santísima Madre con una corona
sobre su cabeza y cargando al Niño Jesús, Quien no tenía nada de ropa. Ella me entregó al Niño Jesús y dijo que nos
deberíamos hacer como niños. Después de
que el Niño Jesús me tocara suavemente varias veces, se lo regresé a la
Santísima Madre y Ella dijo que sería difícil para nosotros entrar al Cielo a
menos que nos hiciéramos como niños.
La Santísima Madre, derramando lágrimas, estaba muy hermosa. Ella estaba sonriendo y estaba llena de
amor. En lugar del velo, ella tenía una
corona de laurel decorada con doce brillantes estrellas.
LA SANTÍSIMA MADRE:
¡Hija! Olvida tus debilidades y
recuerda mi amor. Ya que mi amor te
sostendrá en tus debilidades, vacía tú corazón. Solamente entonces podré trabajar en ti. Dame aún tus sufrimientos actuales. Siempre hay algunas tentaciones que vencer
en este mundo.
¡Hija! Tú sabes que los niños
que me aman serán probados mucho. Si,
tú estás pasando por unos dolores de
parto. Espero que haya más niños que
puedan sufrir dichos dolores, pero la mayoría de ellos me lastiman mientras
sufren.
Tú entiendes que puede haber un nacimiento debido a los dolores de parto
que tú sufres ahora, ¿verdad? Ayuda a salvar muchas almas al sufrir con
paciencia estos dolores y recuerda las recompensas que estoy preparando para
ti. Tú
debes saber que todo será purificado a través del amor, igual como el
oro se purifica en el horno.
¡Mi pequeña alma! No importa cuantas buenas obras hayas acumulado, se
caerán una tras otra si descuidas las cosas pequeñas y hablas mal de los
demás. Debes ser lenta para abrir tu
boca y controla tu lengua con sabiduría.
Cuando sientas ganas de criticar a otros, cúbrelos de amor. Esto será una buena obra también. Debes ser santa en tus palabras y en tus
actos.
¡Hija! Sientes mucha ansiedad
ahora. Yo también estoy ansiosa. Me duele tanto el Corazón, cuando veo a mis
intensamente amados hijos _quienes debieran subirse a mi amor y buscar los
tesoros del Cielo_ dañando sus propias almas al tratar de estar más alto que
los demás, al ser celosos y resentidos hacia
los demás, y al tener dudas de mi misericordia.
Hija mía, practica la humildad.
Esto me dará una alegría especial y preciosa. Nunca trates de volverte superior a los demás. Tu penitencia, amabilidad, sacrificios y reparaciones
son como aceite fragante para mis heridas.
Hija mía, ten un amor especial por mis hijos con quienes trabajas. Los demonios del orgullo, de la envidia y
del resentimiento les han echado el ojo, porque tratan de sobresalir. Tú debes practicar amor por medio de
sacrificios. ¿Acaso no te dije que
todos los demonios serían derrotados cuando practicaras el amor? Únanse.
Únanse al amarse los unos a los otros.
Hay algo que te quiero mostrar.
Sabes bien que se lo quiero decir a todos a través de ti.
Había una montaña alta con catorce escaleras hasta la cima. También había árboles cerca de las
escaleras, dando frutos cada vez que hacíamos buenas obras. Pero, cuando juzgábamos a otros o cometíamos
otros pecados, los frutos de las buenas obras caían al suelo. Era difícil subir por las escaleras, ya que
vi algunas personas cayéndose desde la mitad de las escaleras, otros no subían
en línea recta sino que daban rodeos, y así por el estilo. Encima de las catorce escaleras estaba el
Cielo. Allí estaba Dios Padre, Jesús,
la Santísima Madre y San José. Todos
los Santos y los ángeles nos estaban dando la bienvenida con fuertes
aclamaciones de júbilo.
Estaban viendo todos nuestros actos _sin excepciones. Los frutos más grandes venían del arrepentimiento
y la conversión. Cuando sufrimos
dolores y los ofrecemos por otras personas, la luz brilla sobre ellos y el
fruto de las buenas obras es para nuestro beneficio. Aquellos que mueran después de haber subido aunque sea un nivel
irán al purgatorio. Si uno alcanza el
nivel catorce, ya es casi el Cielo. El
nivel quince es el Cielo. Yo estaba
temblando, porque muchas personas se estaban cayendo de las escaleras. La Santísima Madre habló.
LA SANTÍSIMA MADRE:
¡Viste, hija! Es fácil comenzar
a subir las escaleras, pero es tan difícil completar todas las catorce
escaleras (las catorce estaciones hacia
el Cerro del Gólgota). Por lo
tanto, diles a todos que tengan cuidado para no caerse de las escaleras y para
no convertir todas las buenas obras en nada.
¡Adiós! ¡An-nyoung!
Enero 30, 1988
9:45 ~ 11:45 a.m.
Yo estaba sufriendo porque las personas se estaban criticando y juzgando
las unas a las otras y, por lo tanto, no podían alcanzar la unidad. Al empezar a sufrir los dolores del ardiente
Inmaculado Corazón, se apareció la Santísima Madre, llorando, sufriendo y se le
veía muy pesarosa.
En el pequeño cuarto del piso de arriba, yo estaba vomitando y sufriendo
sin descansar ni un momento. La
Santísima Madre nos ama tanto que ella nos habla aún al grado de vomitar sangre
con el fin de salvar aunque sea un alma más.
Pero la gente no la entiende a ella o no la siguen a ella. Ella trata de abrazar a todos, pero ellos se
resisten. Debido a esto, ella siente
mucho dolor en sus brazos.
La Santísima Madre tiene sed, porque la unidad es tan difícil de
alcanzar; las personas hacen promesas fácilmente pero no las cumplen; y hay
muchos sacerdotes pero no satisfacen las necesidades espirituales de sus amados
hijos.
La Santísima Madre habla (a los
asistentes de Julia).
LA SANTÍSIMA MADRE:
El Padre Spies también está sufriendo dolores. Pero no te preocupes.
Muchos sacerdotes serán perseguidos, pero yo los voy a ayudar.
Mis dolores son intensos, porque muchos de mis hijos no están aceptando
mis mensajes. Reza mucho para que los
mensajes se puedan difundir rápido. Tú
no viniste aquí por tu propia voluntad, sino por mi llamada. No me dejes. Hasta que yo te llame, tú debes trabajar con Julia y
ayudarla. Yo prepararé tus
recompensas. Por lo tanto, confía y
sígueme. Cuando los sufrimientos sean
grandes, las recompensas serán grandes también.
Diferentes responsabilidades son asignadas a cada uno de ustedes, ya que
ustedes son miembros diferentes del mismo cuerpo y tienen diferentes funciones. No rechaces la cruz que te dieron. Yo te purificaré colocándote en el horno de
mi amor y derritiendo tus impurezas.
Hijos, logren la unidad.
Muchos miembros del cuerpo deben formar una unidad y amarse los unos a
los otros. Pero no están aceptando el
Amor de Dios. ¿Cómo puede Dios ayudar?
Ustedes han sido llamados para
ser los apóstoles de mi Inmaculado Corazón y, por eso, ustedes me deben aceptar
bien y compartir las cargas de los demás.
No llores ni te preocupes por mis dolores, pero haz que la Pasión de
Jesús sea conocida por todo el mundo.
Algunos sacerdotes y religiosos no cumplen sus obligaciones como debe
ser y caen en pecados de impureza. Por
esta razón, Jesús es golpeado por más flechas y está sangrando de Su Cabeza con
más coronas de espinas. Pero no hay
niños que le laven Su Sangre.
Por lo tanto, el Inmaculado Corazón debe ser conocido rápidamente. Mi Corazón se está desgarrando y mi garganta
arde por la sed, pero no hay muchos niños que estén ayudando. Unan sus esfuerzos.
Mi Hijo Jesús y Yo estamos temblando de frío, pero ¿quién nos da
ropa? Siento sed, pero ¿quién nos apaga
la sed? Mi vientre se está desgarrando
a causa de los abortos, pero ¿cuántos han sido evitados?
Sacerdotes, sacerdotes, mis amados sacerdotes están cayendo en pecados
de impureza. . . .
Estoy sufriendo tanto dolor.
Reza y sacrifícate sin cesar por los sacerdotes. Reza por ellos con sacrificios y penitencias
para que los demonios no los tienten.
También siento dolores a causa del
Oficio Divino ofrecido por costumbre por los religiosos.
Si realmente me amas a mí y amas a tus vecinos, entonces, estás amando a
Jesús y estarás aplacando la justa ira de Dios Padre. Cuando mis mensajes sean difundidos a todo el mundo y puestos en
práctica, la justa ira de Dios Padre será suavizada y el terrible castigo será
alejado.
Mis queridos hijos. Los llamo
con amor. Yo los protegeré hasta el fin
del mundo y hasta que ustedes lleguen aquí donde estoy yo. Por lo tanto, tomen fuertemente mi brazo y síganme. Yo los guiaré, cuando hagan penitencia,
sacrificios y reparaciones y cuando ustedes gozosamente consagren todas las
pobres almas. Yo peleare del lado de
ustedes cuando ustedes peleen la guerra en el mundo. Yo les ayudaré.
Debido a que yo les llamé para que fueran apóstoles de mi Inmaculado
Corazón, los demonios estarán más activos y los tentarán. Tomen mi mano firmemente para que no caigan
en las tentaciones.
La meta de ustedes no debe ser nada más evitar guerras. Este país va hacia la división a causa del
odio, los celos y el resentimiento. Por
lo tanto, sus sacrificios son necesarios.
Deben trabajar juntos tomándose de las manos de cada uno.
La gente está practicando abortos aún en este momento, causando intensos
dolores a mi vientre. Reza el Rosario
con más fervor.
Ustedes son hermanos y hermanas unidos por el amor. Por lo tanto, no peleen por celos y
egoísmos. En lugar de eso, ámense los
unos a los otros y trabajen unidos.
¡Mis queridas hijas! ¡Mis amadas
almas! Cada vez que pecan, mi Corazón
se desgarra y sangra y sangra en vano.
Ahora ustedes deben rezar por la conversión de los pecadores y rezar el
Rosario con más fervor por la paz en este país y en el mundo. Como les dije antes, si ustedes ofrecen más
oraciones de rosarios, este país evitará una calamidad. Quiero que todos los fieles lo hagan...
Si todos ustedes se unen, este país triunfará. Amo a esta Corea. He
amado tanto a Corea. Ahora estoy aquí. Si ustedes se unen, se pueden sobreponer a
cualquier tentación. Tómense de la mano
los unos y los otros para tener unidad.
Igual como yo tomo sus manos, ustedes deben tomar las manos de todos los
demás. Yo los abrazaré a todos.
Si ustedes no se unen, más sangre fluirá de mis ojos y yo sufriré aun
más. Denme una limosna. Denle una limosna a esta Pordiosera
Celestial.
Ustedes vivirán en mi Inmaculado Corazón. Por lo tanto, alégrense y mantengan en sus corazones los asuntos
celestiales, deseen cosas celestiales, renuncien al amor propio y vayan por el
camino de la auto renunciación y del amor de una persona pequeña. Regresen a mi seno y sean un consuelo para
mí.
Enero 30, 1988
10:30 ~ 11:30 p.m.
Mientras estaba llorando mucho a causa de muchas clases de severos
dolores, la Santísima Madre se apareció y me llamó. Su apariencia era lo usual, pero se veía más alta que antes y
también muy triste y llena de dolores.
Ella habló íntima y amorosamente.
LA SANTÍSIMA MADRE:
¡Mi amada hija, quien tiene que experimentar tanto dolor! No derramé lágrimas en vano. Te llamé a ti, una niña débil y pobre, para
conducir a toda la raza humana al camino de la redención. Por lo tanto, ¿qué puedo hacer yo acerca de
tu sufrimiento? ¿Qué puedo hacer, si tú
te sientes triste? Así es que, no te
preocupes demasiado. Desde hace mucho
tiempo, te he estado templando con dolores de los fuegos de justicia. Además tú dijiste que Dios era duro. Yo lo puedo entender.
Se te ha dado mucho dolor. Tu
corazón está traspasado por una espada, deja de funcionar y se pone frío sobre
la cruz, lo cual es un terrible instrumento de tortura. Terribles dolores causados cuando te tuercen
tus brazos y piernas (con pesados palos de madera) y te aplastan el corazón. Tu corazón se paraliza a causa de las
innumerables flechas. Tu cuerpo se
llena de heridas por los latigazos y ya no lo puedes mover. Tu garganta se seca tanto que ni siquiera
puedes tragar saliva. Tu cabeza está
sangrando bajo la presión de la corona de espinas.
Pero te digo otra vez que, por medio de esos terribles dolores que
sufres, los ciegos espirituales verán, aquellos encadenados al mundo quedaran
libres y muchas almas prisioneras en la oscuridad regresarán al Inmaculado
Corazón.
No te preocupes por aquellos que están en contra de nosotros. Aquellos que tienen oídos oirán, aquellos
que tienen ojos verán, y aquellos que practican mis mensajes me están aceptando
y, por lo tanto, experimentarán la renovación de sus almas. Ellos seguramente verán el triunfo de mi Inmaculado
Corazón.
Por lo tanto, hija mía, alégrate en tus sufrimientos. Ofréceme todos tus dolores _aun los más
pequeños. La carga de pagar por los
pecados es pesada, pero yo estaré contigo cuando tú vayas subiendo el Monte
Calvario con Jesús por amor a Él.
¡An-nyoung!
Febrero 4, 1988
- Una visita del Padre
Raymond Spies.
El Padre Spies vino a ver al Arzobispo de Kwangju y también fue testigo
de las lágrimas de la estatua de la Santísima Madre en Naju.
Él llegó cerca de las 10 a.m. con la Hermana Dina y vio las lágrimas en
la estatua y empezó a celebrar Misa a las 11 a.m.
En la noche, la estatua se había movido hacia delante unos pasos,
mirando hacia una ventana lateral. El
Padre Spies estaba pensando en esto mientras se preparaba para celebrar
Misa. Él pensaba que, solamente si la
Santísima Madre lo quería, ella se podría regresar a su lugar original y mirar
hacia el altar. De esta manera, ella
podría participar mejor de la Misa.
"¿Debo regresarla a su lugar
original o la debo poner en el altar para que ella pueda ver mejor a la
gente? ¿Se regresará ella caminando a
su lugar? "
Con estos pensamientos en su mente, el Padre no tomó ninguna
decisión. Cuando la Misa comenzó, la
Santísima Madre dio una respuesta a través de mí. (Yo estaba oyendo Misa sentada en el piso a causa de los
dolores).
LA SANTÍSIMA MADRE:
¡Julia! Dile al Padre Spies que
Yo puedo regresar sola a mi lugar original, pero prefiero ser colocada allí por
el sacerdote. No me refiero solamente
al lugar original de la estatua, sino a
mi lugar original como la Madre de la Iglesia. Debo ser respetada por todos, pero en vez de eso, soy
despreciada, abandonada, descuidada, manejada sin atenciones, y evitada. Siento mucha tristeza en mi Corazón. Ayúdame rápidamente.
Cuando el Padre Spies oyó el mensaje,
me pidió que le ayudara a regresar la estatua a su lugar original. Me acerqué para ayudar a pesar de mi
dolor. Sin embargo, cuando extendí las
manos para ayudarle al sacerdote, casi grito de dolor, porque mis dos manos
estaban perforadas y sangrando.
LA SANTÍSIMA MADRE:
¡Hija! Tú me debes ayudar desde
atrás ofreciéndome tus dolores.
Julia: Si, Madre. Haré tu voluntad.
Caí al suelo y entré en estado de éxtasis en el momento en que el
sacerdote estaba dando la bendición al final de la Misa. La Santísima Madre me mostró muchos niños que
iban camino del infierno, porque no tenían amor.
LA SANTÍSIMA MADRE:
Hija, mira. He escogido
numerosas almas con amor, pero le están dando mucho dolor a mi Hijo Jesús
porque se consideran elevados y abandonan mis mensajes, lo cual representa una
traición. Jesús sigue sufriendo en la
Cruz, porque lo lastiman cruelmente y lo desprecian e insultan.
¡Hija mía! Mi Hijo Jesús pagó un
precio muy alto para salvar las pobres almas pecadoras _las almas que van
camino de la ruina debido a su hipocresía, ingratitud e indiferencia. No tengas ninguna duda al seguir mis deseos
de que ofrezcas tus sufrimientos amablemente para conducir a muchas almas al
camino de la salvación. También, debes
creer que cuando sufres mucho, acumulas mucha alegría en el Cielo.
Ya que mis mensajes están basados en el amor, la misericordia se
derramará a toda alma que se arrepienta y practique los mensajes.
¡Hija! Estoy siendo confortada
por el Padre Spies, quien es un alma sencilla y pequeña. Me regocijo, porque él ofrece su fidelidad y
amor con fervor.
¡Mi pequeña hija! ¡Mi hija que tiene que sufrir dolores! ¿Participarás
tú de la Pasión de Jesús para que muchas almas regresen al Señor?
Julia: Sí, Madre
LA SANTÍSIMA MADRE:
Recibe este dolor por amor al Papa, a los Cardenales, Obispos y
sacerdotes; también por la conversión de los pecadores.
Recibí intensos dolores de la Cruz, la corona de espinas y el
corazón. Cada vez que la gente peca,
lanzas, flechas y espadas filosas traspasan el corazón. Después de unos veinticinco minutos, el
Padre Spies sintió tanta compasión de mí que me dio su bendición, dando así fin
a los dolores.
Junio 5, 1988
- Fiesta de la Santa
Eucaristía (Corpus Christi)
Yo había estado en cama varios días a causa de los intensos dolores _ni
siquiera pude ir al baño. Me tuvieron
que ayudar varias personas. Pero era
una festividad muy grande y no me quería quedar en cama. Debido a los dolores, recé con más fervor
para que el Señor lavara la suciedad de mi alma y me ayudara a trabajar con más
efectividad como Su instrumento.
Mientras estaba rezando, fui a la iglesia, con el apoyo de otras
personas, y asistí a Misa. En la
iglesia, no me podía quedar sentada derecha y me tuvieron que ayudar Mark,
Philip y Martha. Era un dolor que
hubiera sido insoportable sin el Amor de Jesús. Lloré y ofrecí los dolores.
La Santísima Madre estaba extremadamente hermosa. Era de aproximadamente 1.65 mts. (5’ 5”) de
alto y tenía un rosario en su mano derecha.
Tenía un vestido blanco con un manto blanco desde su cabeza hasta los
pies. Las bastillas de su manto eran de
oro brillante. Su ardiente Inmaculado
Corazón era color rojo y parecía que se estuviera moviendo. Unas siete espadas traspasaron su
corazón. Bajo sus pies estaban tres
rosas _blanco, rojo y amarillo. Jesús
estaba sangrando y una brillante luz emanaba de todo Su Cuerpo como el
sol. Encima del crucifijo, estaba una paloma
blanca irradiando una brillante luz.
Julia: ¡Jesús! Muchos de tus hijos te quieren ver, pero no pueden porque no
saben cómo. Por favor, enciende un
fuego de amor en ellos. Yo ofreceré mis
sufrimientos, no obstante que son indignos, por ellos. Ayúdanos.
Aun en esto, no se haga mi voluntad sino la Tuya.
Recibí la Santa Comunión y, cuando regresaba a mi asiento sostenida por
Philip y Mark, sentí que mi boca se llenaba del Cuerpo y la Sangre de
Jesús. También percibí el olor de la
sangre. Entonces, sentí como si
estuviera flotando en el aire y caí al suelo.
En ese momento, oí la fuerte voz de Jesús que provenía del
tabernáculo.
JESÚS:
¡Mírame!
Me sorprendí mucho cuando vi en la dirección de la voz. Jesús estaba allí sangrando de una manera
muy miserable. La Sangre no caía al
suelo, sino en un hermoso cáliz y patena sobre el altar, que serían traídos a
nosotros por los sacerdotes. La
Santísima Madre, nuestra Mediadora, estaba de pie junto a Jesús.
Ella siempre está hermosa, y hoy, se veía especialmente ansiosa y muy
brillante. Ella tenía dolores, porque
Jesús estaba sangrando por Su Amor a nosotros.
Pero ella se regocija, porque al sangrar, Él viene a nosotros, los
pecadores, y al recibirlo nosotros, nos renovamos y nos unimos con Él. Por esta razón, la Santísima Madre desea y
ruega que todos y cada uno de nosotros renunciemos a nosotros mismos y
recibamos la Santa Eucaristía con un corazón limpio. Jesús habla.
JESÚS:
Todavía estoy sangrando en la Cruz para salvar a toda la especie humana
y Mi Sangre no fluirá en vano. Soy el
Transfusor que lava tus pecados sucios.
Mi preciosa Sangre es una medicina especial que abrirá los ojos de las
almas enfermas y despertará las almas dormidas _por medio de los
sacerdotes. Me siento tan mal porque la
gente Me recibe por hábito y con indiferencia.
Deseo derramar todo Mi Amor sobre todas las almas de esta tierra. Ayudarlos a participar del banquete
celestial (el Santísimo Sacramento).
Mi Madre María a menudo ha recomendado las confesiones frecuentes. Pero muchos niños hacen la Confesión sin un
sincero arrepentimiento o además tratan de comulgar sin ir a confesarse (cuando sea necesario). Una Confesión por hábito o sin un verdadero
arrepentimiento es un insulto para Mí y no le permitirá a esa persona el
verme. Por lo tanto, déjame trabajar
dentro de ti, confesando tus pecados con sincero arrepentimiento.
También te quiero decir que deseo derramar todo Mi Amor sobre todos los
niños de este mundo, pero demasiados de ellos no pueden estar conmigo porque no
van a confesarse.
Aquellos niños que tengan un verdadero arrepentimiento y un deseo de
estar conmigo pero no pueden ir a Confesarse pueden comulgar si prometen hacer
una buena Confesión. Pero si no cumplen
esa promesa, eso constituirá un sacrilegio aún mayor. Cuando se cumpla la promesa, Yo encenderé un fuego de amor más
grande en ellos, que en el caso de una Confesión por simple hábito.
Es Mi Amor el que me impulsó a venir a este mundo y llamar a los
pecadores, en lugar de los justos.
Quiero que todos, sin excepciones, me pertenezcan a Mí, y confío en que
Mi Madre María lo logrará. Por lo
tanto, al seguirla a ella, me estarán siguiendo a Mí.
Vengan ahora, todos los niños del mundo. Hoy, como siempre, me ofrezco como sacrificio y los estoy
esperando. Reunámonos en la mesa
celestial y compartamos El Amor. Cuando
ustedes abran totalmente su corazón y regresen a Mí, Yo no cuestionaré su
pasado, sino que les daré la copa de bendiciones a ustedes.
¡Mi pequeña alma! Te lo pido
otra vez. Reza por el Papa, Mi Vicario,
por todos los Cardenales, Obispos y sacerdotes. Ofrece sacrificios y reparaciones sin cesar para que ellos
cumplan con sus deberes con lealtad.
Quiero que ellos me sigan a Mí con auto renunciación y pobreza. Les confié todo el trabajo a ellos, y por lo
tanto, todas las celebraciones litúrgicas que ellos ofrecen son lo que Yo
ofrezco. Sin penitencia, ¿cómo Me
pueden seguir? Quiero que ofrezcas más
sufrimientos y reparaciones para que ellos puedan cumplir con sus deberes
fielmente. Sacrificios pequeños y
escondidos es lo que conforta a Mi Corazón y ayuda a que las preciosas gracias
puedan fluir hacia todas las personas.
Envío mi Amor constantemente a Mi Sumo Pontífice, el Papa, los
Cardenales, los Obispos y los sacerdotes.
Mi Madre les ayudará a ellos para que Mi Amor pueda fluir abundantemente
a todas las almas. Tengan una confianza
total en Mi Madre.
Jesús dio una bendición y yo hice la Señal de la Cruz. Al salir de mi éxtasis, el Padre también
estaba dando la bendición al final de la Misa.
Vi que mi cuerpo había regresado a una condición saludable normal. Los que vieron esto estaban encantados y
sorprendidos.
Julia: ¡Verdaderamente buen Jesús! Tienes un amor tan grande por los
pecadores. Yo soy una pecadora que
merece la muerte, pero Tú derramaste Tu Sangre por mí. Ni siquiera puedo encontrar palabras para
expresar mi gratitud.
¡Jesús! Cuando Tu precioso Amor sea comunicado a
todo el mundo, éste se convertirá en un paraíso. Pero qué triste es que tantos de Tus hijos no entienden este
precioso Amor, hacen sus propios juicios y van camino al infierno. Te sientes tan solo a causa de esto.
¡Jesús! Soy tuya, aunque soy indigna. Haz que yo sea Tu morada y que te
conforte.
Julio 24, 1988
9:30 p.m. ~ 12:30 a.m.
Cerca de las 9 p.m., de repente perdí la energía en todo mi cuerpo y caí
al suelo. Subí a mi cuarto sostenida
por otros, donde estuve batallando con tremendos dolores. Un rato después, entré en éxtasis y vi el
Cielo, el Purgatorio y el infierno.
Era un mundo diferente. ¡Una
diferencia tan grande! Los niños
salvados estaban compartiendo paz, alegría y amor en el jardín de flores, pero
los condenados estaban ardiendo en las intensas llamas con resentimiento y
odio.
El Cielo -
Nuestro Verdadero
Hogar
Innumerables ángeles estaban tocando una sinfonía hermosa y majestuosa
dándole la bienvenida a las almas que estaban entrando al Cielo. También, numerosos Santos les estaban dando
la bienvenida con fuertes aclamaciones de júbilo. Jesús los estaba esperando con brazos abiertos, y la Santísima
Madre extendía sus manos para sostenerlos.
Dios Padre sonrió, expresando una bienvenida en sus ojos. San José también les daba la bienvenida.
Era un lugar sin celos ni resentimientos. Todos compartían el amor unos con otros. Estaba lleno de amor, paz y alegría. Era un lugar de banquete celestial donde uno
no tiene hambre aun sin haber comido.
La Santísima Madre preparaba coronas de flores y las colocaba sobre la
gente, quienes estaban bailando tomados de las manos. En el jardín de flores, Jesús y la Santísima Madre, juntos,
levantaban el manto de ella, y todos entraban al interior del manto. Todos eran humildes con todos y mantenían el
orden para no molestar a los demás. Sus
caras estaban llenas de sonrisas y estaban hermosas.
Purgatorio
Es un lugar donde uno debe caminar hacia las terribles llamas del
fuego. Allí, uno cumple con la
penitencia no terminada en este mundo y se purifica.
Es un lugar muy lejos donde aquellos que mueren en gracia pero que
tienen reparaciones sin terminar deben seguir por el camino de expiación. Cuando están completamente purificados, son
llevados al Cielo por los ángeles con la ayuda de la Santísima Madre. El proceso se puede acelerar si nosotros en
este mundo rezamos por ellos. También
los podemos ayudar al hacer sacrificios y penitencia por ellos.
Será demasiado tarde para arrepentirse por no haber hecho penitencia en
este mundo. Por lo tanto, mientras
todavía estén vivos en este mundo, uno debe ofrecer amor constantemente por
medio de servicios a los demás.
Infierno
Cuando los ángeles atan las manos de las almas condenadas y las dejan
caer, los demonios las arrebatan violentamente. Después, las almas caen en las llamas del fuego. Es un lugar de perdición eterna. Es inútil, no importa cuanto uno pueda
arrepentirse y batallar. Es un mar de
fuego lleno de odio. ¿Quién tomará sus manos? Nadie.
La gente lucha como una persona
que se está ahogando y tratando de agarrarse aunque sea de una paja, pero
solamente corren en el fuego, se destrozan los unos a los otros, y tratan de
quitarles la comida a los demás, pero toda la comida se quema en el fuego, y
nadie puede comer nada. Por lo tanto,
gruñen con ojos que se les salen. Se
convierten en horribles demonios.
Era una terrible escena que uno ni siquiera podía ver.
LA SANTÍSIMA MADRE:
Hija, ¿viste eso?
Yo, tu Madre, soy el hilo que conecta el Cielo y la tierra. Mi Corazón tiene tanto dolor, porque los
errores abundan en todo el mundo y penetran aun en mis hijos escogidos a un
nivel muy alto.
Es por eso que quiero enviar mi voz a los niños del mundo por medio de
ti. Quiero dejarlos que reconozcan la
luz que viene constantemente de mi Hijo Jesús y que entiendan mi amor. Quiero exhortarlos (pedirles) que salgan de
la oscuridad en la cual están cayendo ahora.
¡Mi pequeña hija, quien se regocija al sufrir dolores por amor a mi Hijo
Jesús y a mí! Mi Corazón está tan
ofendido, porque muchos niños que han sido llamados al Cielo van camino del
Purgatorio y del infierno.
Aun algunos de mis sacerdotes, a quienes quiero tanto que los podría
colocar en mis ojos sin sentir dolor alguno, van camino del Purgatorio y del
infierno. Quiero salvarlos por medio de
ti, la más pobre. Cuando tú aceptas y
ofreces bien los sufrimientos, entonces alivias mis heridas con aceite
fragante.
Julia: Pero Madre, yo soy tan
incapaz. Muchas veces, no puedo
satisfacer tu Corazón, y muchas veces, es difícil renunciar a mí misma totalmente por amor a Ti.
¡Ayúdame, Madre!, ¡Nuestro
escudo y consoladora! Me pongo
totalmente en tus manos, yo tan débil e indigna, para que se haga tu
voluntad.
LA SANTÍSIMA MADRE:
Aún en este mismo momento, numerosas almas van camino del infierno. Deseo salvarlas por medio de tus sacrificios
y sufrimientos. ¿Tomarás tú parte en
los sufrimientos?
Julia: ¡Sí, mi Madre! ¡Qué regocijo es el poder sufrir contigo por
la conversión de muchas almas!
Antes de conocerte, yo
estaba tan infeliz y miserable. Pero
ahora le doy gracias a Dios y a Ti por permitirme tomar parte en los sufrimientos,
a pesar de mi indignidad.
LA SANTÍSIMA MADRE:
Ahora, ¡mi querida hija!, ¡mi amada hija que pide más sufrimientos!
Ahora tú tienes dolores. ¡Pero hija!,
yo sufro dolores más grandes que los tuyos.
Julia: ¡Madre! déjame tener todos esos dolores. ¿Acaso tú, nuestra querida Madre, tiene que
sufrir estos grandes dolores?
LA SANTÍSIMA MADRE:
Por medio de los dolores que tú y yo sufrimos, los niños que están
hundidos en los errores serán salvados y las almas sucias serán lavadas por la
preciosa Sangre de mi Hijo Jesús y salvadas por admirables milagros.
Julia: Madre, me ofrezco verdadera y
totalmente a ti.
LA SANTÍSIMA MADRE:
¡Hija!, ¡mi hija que tiene que sufrir! Aun cuando tus sacrificios y penitencias
sean pesados en este mundo, yo sostendré tus manos. Por lo tanto, no te preocupes, yo estaré a tu lado.
Julia: ¡Madre, soy tan indigna!, ¿Cómo
puedo atreverme a pensar cosas grandes?
Si muchas almas pueden ir al Señor al sufrir los dolores del infierno,
entonces lo haré con gusto. Deseo
ofrecer mis dolores con amor y alegría de acuerdo a tu voluntad, para salvar
aunque sea un alma más.
LA SANTÍSIMA MADRE:
¡Sí, hija mía! Por eso te amo
tanto. Tal corazón se derramará sobre
el mundo y hará que los ciegos espirituales puedan ver y que las almas enfermas
sanen. Pero si no quieren responder a
mis llamadas, ya no podré hacer nada después de su muerte. Porque, en ese momento, la justicia de mi
Hijo Jesús se cumplirá. Los malos se
avergonzarán y se arrepentirán, pero ya será demasiado tarde.
Terribles Dolores del
Infierno
Yo estaba llorando y gritando con una desesperación tan extrema que no
puede ser ni siquiera imaginada por la mente humana.
La Santísima Madre está sufriendo y llamándonos sin cesar para evitar
que vayamos al abismo maldito donde las almas condenadas y separadas de Dios
son castigadas de muchas formas diferentes bajo el justo juicio de Jesús
_lamentándose amargamente, gritando, arrepintiéndose, y luchando en vano. Debemos decir “Si” a tantas y tantas llamadas de Nuestra Madre.
Julio 27, 1988
Desde las 11:30 p.m. hasta las 2 a.m., recibí los dolores de parto. Mi vientre comenzó a dolerme intensamente y
mis ojos también me dolían mucho, como si estuvieran picados por espinas, tanto
que no podía abrir los ojos.
La Santísima Madre estaba curando las heridas de los bebés que nunca
habían nacidos pero que fueron abortados.
Los dolores del parto eran en expiación por los pecados de las madres
que mataron a sus bebés antes de que nacieran.
A través de mis dolores, Nuestra Madre María les estaba dando el agua de
la fuente de gracia para su arrepentimiento.
Si hacemos un esfuerzo y confiamos todo a nuestra Madre, seremos
confortados. Los dolores en mis ojos
eran debido a los dolores que la Santísima Madre sufre en sus ojos cuando ella
ve los numerosos pecados de los humanos.
Yo no podía ver a la Santísima Madre, pero escuché su voz.
LA SANTÍSIMA MADRE:
¡Hija! Siento ansiedad cuando te
veo sufrir tanto. Pero me siento
confortada por tu disponibilidad de sacrificar hasta tu propia vida por muchas
almas, ya que ellos se arrepentirán gracias a tus sufrimientos.
Julia: ¡Madre! Realmente soy una pecadora muy indigna. Esta pecadora te pertenece totalmente a ti. Que se haga tu voluntad.
LA SANTÍSIMA MADRE:
¡Gracias, hija mía! Crees que
eres indigna, pero ya que toda tú eres preciosa para mi, tú también eres un
instrumento indispensable para mí.
Julia: ¡Madre! Soy solamente un instrumento indigno. No escatimaré nada para mi Señor, aun si ello significa una total
laceración y destrucción de mi cuerpo.
Ayúdame a caminar hacia ti, Madre, como un instrumento útil.
LA SANTÍSIMA MADRE:
¿No te duelen mucho los ojos en este momento?
Julia: |