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Febrero 28, 2001
- Miércoles de Ceniza
Cerca de las 2 a.m., prendí unas velas y empecé a rezar el rosario. Cerca de las 3 a.m., Jesús se apareció con
un manto blanco. Todo Su Cuerpo estaba
manchado con Sangre, y aun Su manto estaba empapado con Sangre.
Se veía muy mal. Mientras que yo
estaba tan sorprendida que no sabía que hacer, Jesús se acercó más en una forma
amorosa y habló con una dulce voz.
JESÚS:
¡Hija! ¡Mi amada pequeña
alma! No te sorprendas mucho. Estoy manchado con Sangre de esta manera aun
ahora para salvar el mundo que está infectado con pecados, ya que no quiero que
ningún hijo en el mundo sea condenado y caiga en la eterna perdición. No importa cuánto amor Yo les pueda dar, la
mayoría de los hijos en el mundo, que ya se han vuelto extremadamente
corruptos, están llenos de egoísta terquedad causada por el orgullo y están
espiritualmente ciegos y sordos y están ofendiendo a Dios con insultos e
ingratitud en lugar de aceptar Mi amor que me hizo darles todo Mi cuerpo (a
ellos). Es por eso que Mi Corazón se ha
roto en pedazos y está sangrando de esta manera día tras día.
¡Mira! ¡Mi hija! Ellos dicen que me aman a Mí y a Mi Madre,
pero sin oraciones sinceras y un verdadero arrepentimiento, me ruegan a Mí y a
Mi Madre como si se agarraran a un salvavidas solamente cuando sufren dolores
y, después de que reciben las gracias que habían estado pidiendo, tienen un
corazón agradecido sólo brevemente y, sin dar monedas a los Pordioseros
Celestiales, regresan a su miserable vida y se convierten en espinas que pican
el Sagrado Corazón.
¡Oh! ¡Con qué ansias he estado
esperando que las pequeñas almas Me bajen de la Cruz! Pero los numerosos hijos en el mundo, la gran mayoría de los
sacerdotes y religiosos, y aun mis hijos que han sido llamados especialmente Me
clavan a la Cruz y, en lugar de bajarme de la Cruz, permanecen dormidos y unen
sus fuerzas con el demonio y, por lo tanto, pierden su sentido de dirección, se
llenan de orgullo y vanidad, y, sosteniendo filosas tijeras de avaricia y egoísmo
(en sus manos), cortan Mi Cuerpo y tela en pedazos para poseerlos. Mi Corazón y el Corazón de Mi Madre han
estado ardiendo y ardiendo y desde hace mucho tiempo se han convertido en
volcanes en erupción.
Julia: ¡Amado Señor!
Soy tan indigna y tan indefensa.
¿Qué debo hacer? Por favor
enséñame.
JESÚS:
¡Mi amada hija que tiene que sufrir dolores! Tú eres Mi pequeña alma.
Le he dicho al Apóstol Pablo que Mi poder se manifiesta completamente en
aquellos que son débiles. Si tú te
acuerdas que Yo junto con Mi Madre siempre habitamos en ti, aun mientras eres
débil, y amorosamente ofreces en todo momento todos los dolores que te llegan
por la conversión de los pecadores, estarás reparando y consolando Mi Corazón
roto y el Corazón roto de Mi Madre, que te ha estado rogando con lágrimas y
lágrimas de sangre, y también estarás remendando Mi manto que ha sido rasgado
en pedazos.
Entonces, el Señor me dio algo diciendo, "!Ahora, Mi Hija! ¡Recibe esto!" Lo recibí con mis dos manos y lo guardé en mi mano izquierda.
JESÚS:
Este es Mi manto hecho de algodón, que ha sido empapado en Mi Sangre y
rasgado una y otra vez durante la flagelación a causa de los pecados de
numerosos hijos. Estos pedazos de mi
manto de algodón han sido cortados con filosas tijeras de avaricia y egoísmo
con las cuales la gente sólo quiere recibir sin dar a los demás por su propia
satisfacción en lugar de amar a los demás como a sí mismos y también (con las
tijeras) de traiciones de corazones fríos.
Al recordar que Mi Madre y Yo somos aplastados de esta manera todos los
días y con un corazón de oraciones sinceras, arrepentimiento y amor, cuando
menos ustedes, que saben que (Mi Madre y Yo) estamos siendo insultados y
experimentamos todo tipo de sufrimientos a causa de los pecadores aun en este
momento, vean este polvo de tela y aplasten su egoísmo una y otra vez en cada
momento, háganse pequeñas almas, y conviertan sus vidas en vidas de
oración. Al hacer eso se convertirán
en pinzas que sacan espinas y clavos que han sido metidos profundamente
en Mi Sagrado Corazón y en el de Mi Madre y también se convierten en agujas que
remiendan los Sagrados Corazones y el manto que han sido rasgados. Por lo tanto, ello será un gran consuelo
para Mi Madre y para Mí. Por lo tanto,
traten de no caer en la desilusión y desesperanza, y, al recordar que cuando
muestran el poder del amor (más vigorosamente) y ofrecen su mayor lealtad en
formas heroicas, se reducirá el tiempo de purificación, permanezcan siempre
despiertos y recen. Adiós. ¡An-nyoung!
Después de que Jesús terminara de hablar, yo continué rezando el rosario
con dolores. No me atrevía a ver lo que
estaba sosteniendo en mi mano.
Entonces, me quedé dormida.
Cuando desperté, era todavía muy temprano y no vi lo que tenía en mi mano. Cerca de cuatro horas y media después, a las
7:30 a.m., llamé a mi familia y a otros.
Con todos a mi alrededor mirando, abrí mi mano, temblando y sorprendida. Había pedazos de tela triturados en polvo y
manchados con Sangre. Todos estaban
sorprendidos y miraron más de cerca.
Una mujer, que era conocedora de telas, dijo, "Parece una tela hecha con
fibras muy delicadas." Todos nosotros
estábamos viendo esto y nos prometimos a nosotros mismos que aplastaríamos
nuestros egoísmos una y otra vez, haríamos de nuestras vidas unas vidas de
oración en cada momento, nos haríamos almas pequeñas y sencillas, y de esta
manera daríamos un verdadero consuelo al Señor y a la Santísima Madre.
Abril 1, 2001
Cerca de las 7 a.m., mientras rezaba, oí la hermosa voz de la Santísima
Madre.
LA SANTÍSIMA MADRE:
¡Hija! ¡Mi amada hija! Mis amados hijos e hijas que han sido
escogidos como mis asistentes en estos tiempos llenos de peligros. Dense prisa en hacerse niños y tomar mis
manos sin llenarse de razonamientos humanos.
Tomándose fuertemente de mis manos, de su Madre Celestial y del Hilo que
une al Cielo y a la tierra, y sin desalentarse o desanimarse ni mirando hacia
atrás, rápidamente despiértense, recen, hagan reparaciones, vivan una vida
consagrada, y hagan un constante esfuerzo para convertir toda su vida en
oraciones.
He gritado con tantas angustias que la copa de ira de Dios se ha estado
derramando y derramando y, ahora ya no hay más tiempo para demoras, pero la
mayoría de los hijos que dicen que me conocen y aun ustedes a quienes he
escogido están tan ciegos y sordos y no están siguiendo fielmente las palabras
de esta Mamita Celestial que les he gritado hasta que mi garganta empieza a
sangrar y no están convirtiendo sus vidas en oraciones. En lugar de eso, (ustedes) están llenos de
pensamientos y orgullo humanos, no pueden discernir que la maldad también se
esconde detrás de apariencias inocentes, y provocan la división al unir sus
fuerzas con las del demonio. El Corazón
de esta mamita que ve todo esto sufre de dolores al romperse en pedazos.
Entonces, ustedes verán que no está muy lejos el día cuando Dios, Quien
es el mismo Amor y que los ama tanto, convertirá la copa de ira en una copa de
bendiciones y reconstruirá el lugar que ha sido destruido por Satanás, y por lo
tanto las bocas de aquellos que se han estado oponiendo y criticando serán
cerradas.
¡Mis hijos que han sido escogidos!
Ustedes sufren dolores ahora, pero si tienen presente el lugar en el
Reino Celestial que he preparado para ustedes, dan a conocer el poder del amor
para no desperdiciar ninguno de los dolores que los acompañan a ustedes
mientras me siguen, perseveran en la máxima lealtad en formas heroicas, y por
amor ofrecen (sus dolores), sus suspiros se convertirán en alegrías en el futuro
cercano.
Septiembre 8, 2001
- Solemnidad de la Natividad
de Nuestra Señora
Estaba tropezando, cayendo, y arrastrándome y no completamente
consciente mientras hacía las Estaciones de la Cruz (en la montaña de la
Santísima Madre cerca de Naju). En la
Décimoprimera Estación, fluía el agua de misericordia. En la Décimosegunda Estación, escuché la voz
del Señor:
"¡Mis queridos hijos! Soy
confortado por sus sacrificios y reparaciones llenos de amor. En esta era en que pululan las cabezas
huecas, permití su reunión (Nota del
traductor: Julia dijo que, en la visión en la Décimosegunda Estación, vio a
aquellos que han respondido al llamado de la Santísima Madre para
ayudarle). (Por lo tanto) anímense unos
a otros con un corazón sincero, y demoliendo las paredes humanas que mantienen
sus corazones cerrados, con lazos infalibles y amor generoso y abierto en una
unidad total e ilimitada. Ahora abran
sus corazones ampliamente para que puedan aprender unos de otros lo que es
bueno y acepten consejos que puedan ayudarles a corregir sus defectos, y
acercarse más a Mí y hacerse uno con Mi Corazón.
Así, cuando Me sigan en mayor solidaridad y unidad en la Santísima
Trinidad, Yo, Quien permití su reunión, haré milagros de amor, y ustedes
disfrutarán el Cielo junto Conmigo y con Mi Madre en la alegría de estar en
armonía con los Santos en todo momento, aun cuando parezca que (todo) ha
fallado y no hay esperanza."
Septiembre 28, 2001
La Santísima Madre:
¡Mis hijos e hijas quienes han sido escogidos! Tengan en mente que han sido elegidos para trabajar para el Señor
y para Mí con mi hija quien ha amado y ha escogido; y síganme unido como uno sólo en la Santísima Trinidad.
¡Mis hijos muy amados! Háganse
más simples dejando de lado pensamientos humanos (cálculos) y volviéndose niños
inocentes. Quiero que te hagas más
pequeña y seas abrazada firmemente en mi seno.
Sería difícil seguirme con cálculos humanos, así como no pueden preservar
la Herencia de la Fe con sólo teorías y razonamientos.
Por lo tanto, sean almas más humildes y pequeñas y ayuden a mi hija,
quien ha sido escogida, mi hija quien está participando en la Pasión del Señor
mediante el sufrimiento de la agonía de muerte antes de nacer y está
enfrentando momentos de una segunda muerte ya que son necesarios esfuerzos
sangrientos y sacrificios. Así como
ella ha respondido con "Amén" a una
gran misión que esta Madre pura ha preparado con gran cuidado, ustedes también
han sido llamados a ser sus ayudantes y a responder con "Amén." ¿No deberían
ustedes atender ahora las heridas de mi hija y sanarlas?
Así como permití su reunión, no se olviden que deben ser intérpretes
entre sí, que se consuelan mutuamente y protegen entre sí sus vidas. Y disfruten el júbilo, amor y paz en medio
de gracias sobre-abundantes, llevando a cabo su misión preciosa en su rol único
que es irremplazable.
Así como Dios llamó a Moisés al Monte Sinaí a liberar a los Israelitas
de la esclavitud en tierras Egipcias, ustedes han sido llamados para que pueda
alcanzarse mi victoria. Por lo tanto,
destruyan las paredes humanas con toda su vida y con un corazón más fuerte y
ardiente, y ámense unos a otros generosamente.
Como les dije antes, recuerden que aunque puedo hacerlos perfectos, les
permito cometer errores para que puedan ser humildes, y no pierdan tiempo con
los demonios sino conviertan sus vidas en oraciones, tengan una fe y confianza
total, alcancen la unidad en la Santísima Trinidad confiándose a la divina
providencia, y me sigan. El propósito
de esto es llevar muchas almas al Cielo en el gozo de alcanzar armonía con los
Santos en todo momento.
Esta era está atrayendo hacia ella el castigo de fuego y sangre, pero
ustedes, quienes trabajan para el Señor y para mí, no deben temer ni
preocuparse, sino empezar a seguirme.
Entonces, Dios, Quien los ama, los salvará a ustedes, quienes me siguen
y trabajan para mí, de los peligros que vendrán (a este mundo) en este tiempo
final, con el grandioso amor con el cual Él salvó a Daniel cerrando las fauces
de los leones, y permitirles heredar el Cielo.
Cuando no dudan ni vacilan sino que despiertan, cuando hacen esfuerzos
extenuantes para llevar la cabo la misión que les ha sido encomendada, cuando
muestran el poder del amor más fuertemente, y ofrecen una lealtad heroica, yo
siempre los acompañaré y sostendré como una persona que nunca falla a pesar de
las tremendas dificultades.
Compartirán amor en la mesa celestial conmigo y disfrutarán la alegría
en el último día.
Octubre 19, 2001
Mientras estaba haciendo las Estaciones de la Cruz en la montaña de la
Santísima Madre junto con varios ayudantes, sintiendo mucha dificultad y
dolores, empezaron a fluir ríos de agua de misericordia en la Séptima Estación
y continuaron fluyendo.
Cuando llegamos a la Décimosegunda Estación y estábamos rezando
postrados en la tierra, repentinamente perdí la energía de todo mi cuerpo y caí
hacia atrás. Entré en éxtasis y tuve
una visión. Mucha gente estaba gritando
por ayuda en medio de dolores terribles.
Estaban pisoteándose entre ellos, luchando por escalar más alto. Aquellos que eran pisoteados se quejaban y
gritaban por los dolores. Algunos de
sus gritos sonaban como el de los lobos, con un sonido largo y persistente. Sonaban aterradores y podían hacer paralizar
a una persona.
En ese momento, los diablos estaban muy ocupados alrededor, murmurando
en los oídos de la gente, “Tú sólo puedes vivir si escalas más alto”. Aquellos a quienes los diablos decían eso,
estaban tratando con todas sus fuerzas de escalar más alto, ignorando aun a sus
parientes y hermanos y hermanas, pisoteándolos para salvar sus propias
vidas. Sus esfuerzos desesperados, aún
así, eran inútiles. En cuanto ellos
parecían haber alcanzado la cima, otros debajo de ellos los agarraban. Era una escena terrible que se repetía sin
cesar. Los gritos sonaban tan
horrorosos a un grado indescriptible que inclusive sentía que mi cabello se
erizaba. Mientras veía esta terrible
escena, empecé a gritar al Señor con voz temblorosa.
Julia:
¡Oh, Jesús Salvador que eres
nuestro Redentor y el Amor Mismo! Estos
días nuestra sociedad humana ha hecho enormes progresos a través de una
civilización materialista altamente avanzada, pero la vida interior de los
seres humanos se ha vuelto más desolada, como un desierto. ¡Cuánto más dolor te debe haber causado esto
a Ti! El progreso deslumbrante de la
civilización materialista puede tener conveniencias temporales, pero no puede
dar a los humanos la verdadera felicidad.
En vez de eso, está aniquilando el amor. ¿De qué puede servir a nuestras almas?
¡Señor! Perdona a todos esos hijos en el mundo que
están tan ciegos y sordos y están corriendo tras su ruina eterna, sin
comprender las palabras del Señor y de la Santísima Madre. Sálvalos liberándolos de las astutas
tentaciones de los demonios. Borra sus
pecados completamente, sánalos, y permíteles resucitar con la Sangre Sagrada y
Preciosa de Tus Siete Llagas, vertida en la Cruz para salvar al mundo.
Mientras estaba gritando,
Jesús apareció, vestido con una túnica blanca y un manto rojo. Yo estaba muy alegre y dije:
Julia:
¡Oh, mi Señor! Por favor salva a aquellos que han caído en
las tentaciones del demonio por no haber creído en el Señor y en la Santísima
Madre, ¿lo harás?
Jesús:
¿No te he dicho ya que no hay nada que pueda hacerse si los humanos se
rehúsan a aceptar amor sin importar cuánto amor pueda Yo darles, ya que les ha
sido dado el libre albedrío?
Julia:
¡Señor! ¿Qué el Señor no valora la oveja que se
había perdido pero ha sido encontrada más que a las otras noventa y nueve? Tan sólo una gota de la Preciosísima Sangre
que el Señor vertió por nosotros puede salvar al mundo entero.
Mientras continuaba gritando
y rogando, el Señor miró con ojos de amor y misericordia a todos los que
estábamos rezando, y habló.
Jesús:
¡Mi amada pequeña alma! Si todos
los hijos en el mundo Me hubieran seguido con una fe como la tuya, este mundo
ya sería el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra.
Pero mira toda esa gran cantidad de gente. En vez de arrepentirse de sus pecados, están pisoteando y
aventando cruelmente a sus vecinos, tratando sólo de salvar sus propias
vidas. ¿Cómo pueden esperar vivir?
Julia:
¡Señor! Por favor dales otra oportunidad de
arrepentirse. Cuando mueran, sus
cuerpos volverán a la tierra, pero sus almas no podrán escapar de las llamas de
fuego en el infierno. Ten piedad para
que ni un alma caiga en el infierno.
Lloré e imploré nuevamente.
Después, el Señor dijo,
Jesús:
¡Mi hija obediente y amante!
¿Cómo puedo rechazar tu petición sincera? Daré una oportunidad más a los hijos que han perdido su sentido
de dirección en medio del pandemonio y están errantes. Si ellos Nos aceptan a Mí y a Mi Madre, se
arrepentirán y serán salvados.
Cuando Jesús terminó de hablar, ascendió más alto en el cielo. En ese momento, la Santísima Madre,
vistiendo un vestido blanco y un manto azul, apareció a un lado del Señor. Diciendo "Ahora, abran sus ojos", el Señor junto con la Santísima Madre
enviaron hacia la gente la luz del Sagrado Corazón y la luz de misericordia así
como abundantes flujos del agua de misericordia. Luego, Ellos enviaron la Preciosa Sangre de las Siete Llagas del
Señor y las lágrimas de sangre de la Santísima Madre. Entre la gran cantidad de gente, un número extremadamente pequeño
de ellos aceptaron al Señor y a su Santísima Madre, aceptaron el amor de Ellos,
y pudieron escapar de la multitud estridente.
De cualquier manera, de aquellos que no aceptaron al Señor y a su
Santísima Madre y siguieron cooperando con los demonios, la luz de amor y gotas
de la Sangre del Señor y de la Santísima Madre regresaron al Señor y a la
Santísima Madre.
El Señor y la Santísima Madre vinieron a nosotros y nos concedieron la
luz del Sagrado Corazón y la luz de misericordia, ríos de agua de misericordia
de Sus manos, la Preciosa Sangre de las Siete Llagas del Señor, las lágrimas de
la Santísima Madre, lágrimas de sangre, y aceite fragante - no sólo a nosotros
sino a todos aquellos que están trabajando para ayudar a la Santísima Madre de
Naju y a los que vienen a visitar a la Santísima Madre de Naju, en sus cabezas,
en sus nucas, en sus frentes, en sus espaldas y en todo su pecho. Luego, el Señor continuó hablando.
Jesús:
¡Mis amados hijos! En esta era,
los sonidos que indican el fin (de una era) están llamando ya como una campana
de funeral a través de aquellos que están trabajando con los demonios, y
empezaron a caer grandes desastres afectando a todo el mundo, pero la mayor
parte de los hijos en el mundo están ciegos y sordos y están satisfechos de sí
mismos no aceptando Mis Mensajes de Amor y los de Mi Madre, iniciando un volcán
activo en Mi Corazón, flameando vigorosamente con un fuego de justicia.
De todas maneras, a través de los ruegos y oraciones sinceros de Mi
Madre María, empapados en lágrimas, y de los sacrificios y penas ocultos de las
pequeñas almas que se han convertido en ofrendas de sacrificio vivientes, Yo,
que Soy el Camino, la Verdad y la Vida y Soy el principio y el fin, terminaré
el trabajo que He comenzado.
Todos los hijos que vengan a Mí a través de Mi Madre han experimentado y
experimentarán en este mundo muchos insultos, persecuciones y críticas con
palabras absurdas, en medio de toda clase de pruebas, mientras nos dan a
conocer a Mí y a Mi Madre. De todas
formas, en el siguiente mundo, les será dado el poder y privilegio de ocupar el
árbol de la vida eterna y gozarán de la felicidad eterna en Mi Mesa en Mi
Reino. Por lo tanto, no se preocupen
pero conviértanse en pequeñas personas con una gran humildad y vayan y guíen (a
otros) valientemente para salvar al mundo miserable, el cual está aproximándose
a su destrucción, y por lo tanto hagan que toda la gente implore al Padre que
está en los Cielos. Luego, Yo, que Soy
el Señor Redentor y el Juez de Justicia, vendré pronto a ustedes por encima de
las nubes, ejerciendo Poder, dándoles las recompensas prometidas y trayendo
fuego, junto con Mi Madre quien desea ser respetada como la Reina del
Cielo.
Jahl-itghurah (Nota del
Traductor: Esta palabra coreana
significa literalmente ¡Que estés bien! o ¡Que sigas bien! y es un equivalente
a un ¡Adiós! dicho a un niño).
Cuando Jesús terminó de hablar, me desperté del éxtasis. Mis ayudantes, quienes me estaban
soportando, se sorprendieron de verme mojada desde mi cabeza hasta mis ropas
superiores con una copiosa cantidad de agua de misericordia. Uno de ellos que tocó mis ropas gritó: "¡Es aceite!" En el altar hecho de piedras frente a la Décimoquinta Estación
de la Resurrección del Señor, caían ríos del agua de misericordia mezclándose
con aceite colorido. Todos los ayudantes
que vieron esto gritaron de gozo y cantaron la gloria del Señor.
Noviembre 3, 2001
Estábamos haciendo las Estaciones de la Cruz en la mañana temprano. En la Décimosegunda Estación, estaba absorta
meditando profundamente en el inmenso Amor con el cual el Señor estuvo clavado
cruelmente a la Cruz por tres horas, entregando toda Su Sangre y Agua hasta la
última gota por nosotros, pecadores, y Le imploré:
"¡Oh, mi Amor, mi
Señor! Hoy es Primer Sábado en el cual
la Santísima Madre, la Reina del Cielo y nuestra verdadera Madre, dijo
conmemorar el largo, largo y cruel día de su sufrimiento cuando la dejaron
sola, habiendo perdido al Señor, y es un día en que ella llama a sus hijos a
orar con ella.
‘Siempre tuve sufrimientos desde el día en que concebí a mi Hijo Jesús,
pero, en el Sábado Santo, por primera vez expresé externamente mis pesares y
lloré desdichadamente toda la noche orando por mi Hijo Jesús y por los
pecadores. Esas horas dolorosas fueron
también el tiempo de transición de la muerte de mi Hijo hasta Su Resurrección,
un día para ir de la muerte a la vida.
Esta es la razón por la cual te pedí que oraras conmigo esta
noche.’
Con este mensaje (en Febrero 6, 1993), la Santísima Madre llamó a muchos
hijos a orar juntos en la noche del Primer Sábado. Aquellos que han respondido a su llamado con “Amén” se reunieron
aquí y están orando juntos. Toca y
consuela a cada uno de ellos para que no sean como un jarro roto que no puede
contener el agua sino que puedan renacer en el Espíritu Santo. Lava los pecados de todos los que buscan al
Señor y a la Santísima Madre con la Preciosa Sangre de las Siete Llagas del
Señor. Luego, conforme se arrepientan
de sus pecados, serán sanados tanto en sus almas como en sus cuerpos, se
disolverán como pequeñas almas en el Sagrado Corazón del Señor y en el
Inmaculado Corazón de la Santísima Madre, experimentarán amor y paz en la
alegría de unirse humildemente con los Santos, serán uno en la Santa Trinidad,
y darán gloria al Señor.
¡Oh, mi Señor! ¡Mi todo, mi vida, y mi eterno Amado! Te amo y Te alabo. Con los méritos del sufrimiento en la Cruz y con el asombroso
Amor con el cual el Señor conquistó la muerte y resucitó, ¡envía una suave
lluvia a todas las almas!"
En ese momento, la Preciosa Sangre brotó de las Siete Llagas del Señor,
Quien estaba clavado a la Cruz, y se derramó sobre todos nosotros. Luego, Jesús habló muy amorosamente.
JESÚS:
¡Mi amada pequeña alma! Los amo mucho a todos (como para derramar Mi
Sangre sobre ustedes)."
Observé a los que estaban orando conmigo, porque percibí un intenso olor
a sangre, pero no vi sangre alguna en ellos.
Cuando la Preciosa Sangre brotó (del Cuerpo del Señor colgado en la
Cruz), había también una intensa fragancia a rosas. Ríos de agua de misericordia se derramaron atrás de nosotros,
provocando también un intenso olor a rosas.
Estábamos muy alegres, porque vimos que el Señor estaba dándonos Su
Preciosa Sangre frente a nosotros como para jalarnos hacia adelante, mientras
la Santísima Madre nos daba ríos del agua de misericordia tras nosotros como
para empujarnos. Alabamos al Señor y a
la Santísima Madre.
Noviembre 6, 2001
Estábamos haciendo las Estaciones de la Cruz, orando y meditando en
Jesús cargando la Cruz. En la Octava
Estación, donde Jesús vio a las mujeres de Jerusalén llorando por Él y les
dijo, "¡Hijas de Jerusalén! No lloren
por Mí; lloren más bien por ustedes
mismas y por sus hijos" (Lucas
23:28), tuve una visión. Había un gran número de personas reunidas. Entre ellas estaba el Santo Padre, muchos
clérigos, religiosos y laicos. Un
momento después llegó un viento, y la mayoría de las personas estaban siendo agitadas
como espigas por el viento. Aquellos
que estaban siguiendo al Señor y a la Santísima Madre estaban luchando duro
para no ser agitados por el viento y continuaban firmes. Hubiera sido mucho más fácil para ellos
dejarse agitar por el viento junto con los demás, pero estaban tratando duro
para no perder el equilibrio. Por esto,
eran considerados obstáculos por aquellas personas que estaban siendo agitadas
por el viento. Estas personas empujaban y golpeaban imprudentemente por
todas direcciones a aquellos que estaban siguiendo al Señor y a la Santísima
Madre. Un pequeño número entre quienes
estuvieron siguiendo al Señor y a la Santísima Madre no pudieron resistir los
dolores y se unieron a los otros que estaban siendo agitados por el viento.
Pasó algo de tiempo. Jesús y la
Santísima Madre bajaron a nosotros, sobre las nubes y rodeados de ángeles, y
observaron a todos y cada uno en la multitud.
Luego, la Santísima Madre comenzó a hablar con una voz amable y amorosa.
LA SANTÍSIMA MADRE:
¡Mis amados hijos! Ahora, dense
prisa en arrepentirse, ya que dentro de no mucho será el tiempo de la cosecha
para separar los granos buenos de los malos (vacíos). Les he dicho ansiosamente que no hay más tiempo para vacilar o
aplazar, pero. . . no puedo controlar
la tristeza, porque aun la mayoría de mis hijos que han sido llamados no están
ofreciendo florecillas de auto-negación en cada momento y no están disolviéndose
en mi Corazón Inmaculado convirtiendo sus vidas en plegarias, sino que están
tratando de dejar la cruz, diciendo que está muy pesada.
Mediten más profundamente en las Palabras del Señor, su Redentor: Es más fácil para un camello pasar por el
ojo de una aguja que para uno que es rico entrar en el Reino de Dios. Entonces, entenderán bien que el Señor no
estaba refiriéndose sólo a los ricos en posesiones mundanas. ¡Hijos!
Si ustedes no vacían sus corazones sino que permanecen ricos en sus
corazones con toda clase de codicia, mal orientados espiritualmente, y
orgullosos, ¿cómo puede el Señor vivir ahí?
En esta era que se ha vuelto urgente, el Mundo de Misterio está siendo
precipitado, pero tengan presente que la ira de Dios Padre está siendo retrasada
gracias al espíritu y vida de martirio con que tratan de participar con todos
sus cuerpos y corazones en la agonía de muerte que el Señor sufrió en el
Calvario, lamentando con profundo amor y lágrimas por mi amor y por el amor de
mi Hijo Jesús, su Redentor, y también gracias a las oraciones, sacrificios y
reparaciones fervientes de las pequeñas almas que me imploran. Y multiplicando sus intensos esfuerzos para
mostrar la fuerza del amor, ofrezcan plegarias, sacrificios y reparaciones por
aquellas almas que están siendo agitadas por el viento como espigas.
Así como están ustedes experimentando ahora toda clase de insultos y
dolores por Jesús y por mí, viviendo entre personas que están siendo agitadas
por el viento como espigas en el mundo, serán contados como granos buenos
gracias a las gracias universales (gracias que están disponibles para todos) de
Dios. Inclusive aquellas almas que
están siendo agitadas por el viento como espigas serán también contadas como granos
buenos, si se arrepienten completamente y siguen mis palabras.
Sin embargo, como Dios les dio el libre albedrío a los humanos, si ellos
no siguen mis palabras totalmente, me dan la espalda, y persisten en permanecer
como granos malos (vacíos), Dios les quitará su parte de los frutos del árbol
de la vida eterna que ha sido preparado para ustedes. Entonces, ¿a dónde irán esas almas?
¡Mis hijos que han sido escogidos!
Siempre recuerden estas palabras de Mamá: Dios puede destruir pilares de acero y paredes de bronce en un momento
por más sólidos que puedan haber sido construidos y puede además levantarlos de
nuevo, estén preparados y permanezcan despiertos para saludar al Señor, su
Redentor, Quien vendrá a ustedes pronto, trayendo recompensas y fuego, y
(saludarme) a Mí.
Cuando la Santísima Madre terminó de hablar, Jesús y la Santísima Madre
hicieron brillar la luz del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón
de María y la luz de misericordia sobre todos y regresaron al Cielo. En ese momento, aquellos que estaban
tratando fuertemente de no unirse a los demás que estaban siendo agitados por
el viento vieron que el Señor y la Santísima Madre estaban enviando luz sobre
ellos, y, con coraje y fuerza renovados, fueron capaces de mantenerse firmes.
Noviembre 8, 2001
Mientras
estaba en profunda meditación, tuve una visión. Jesús estaba sangrando de las heridas causadas por la corona de
espinas y por los azotes, pero numerosas personas, incluyendo muchos clérigos,
continuaban clavándole cruelmente más clavos.
Continuaron fuertes golpes de martillo, causándome dolor en los
oídos. Mientras observaba a Jesús
sangrando continuamente, sentí fuertes dolores en mi corazón como si se
estuviera rompiendo en pedazos.
"¡Oh, mi Señor, mi Amado! Tú amas tanto hasta a esas almas que
continúan empujándote hacia la muerte.
¿Cómo podemos llegar a entender Tu amor inmenso? ¿Cuántas oraciones más serán necesarias para
sacar todos estos clavos clavados en Tu cuerpo? Te amamos de todo corazón, aunque somos indignos. Recibe consuelo por los sacrificios,
penitencias y sinceras oraciones que te ofrecemos, aunque sean tan pequeñas
como granitos de polvo.
¡Oh, mi Amor, mi Amado! Ahora sacaremos los clavos del cuerpo del
Señor por medio de las tenazas que la Santísima Madre nos dio; seremos pañuelos que limpien la sangre y el
sudor de la cara del Señor; seremos
sastres que remienden las heridas en Tu Sagrado Corazón; y trataremos de vivir una vida de eterna
gratitud. Por lo tanto, recibe
alabanza, gloria y consolación.
¡Oh, mi Amor, mi Amado! Llena nuestras indignas almas con los frutos
derivados de Tus sufrimientos en la Cruz;
dirige nuestras vidas de modo que podamos alimentar numerosas almas con
estos frutos."
Mientras yo estaba rezando de
todo corazón, Jesús comenzó a hablar en voz suave.
JESÚS:
¡Mi amor, Mi pequeña
alma! Repetidas veces has dicho que
eres indigna y que tus oraciones son como polvo, pero las oraciones que ofreces
con sincero amor son como agua dulce que mitiga Mi sed y son como tenazas que
sacan los clavos de Mi cuerpo.
¡Mi amada bebita! Como te dije antes, Yo puedo hacerte
perfecta, pero Yo no te quito tus defectos que te han sido dados como regalos
para mantenerte humilde. Por lo tanto,
no te enfoques en ti, pero, con esfuerzos más tenaces y a través de continuos
sacrificios y penitencias, ofrécete totalmente de manera que todos los clérigos
obedezcan y formen una unidad con el Papa, que es el sucesor de Pedro, a quien
Yo escogí, quien es Mi Vicario y quien es el hermano mayor en la Iglesia, y que
se conviertan y lleven a cabo la misión que se les ha encomendado en
cumplimiento de Mi Voluntad.
Hasta una gran mayoría de los clérigos se han apartado de la fuente del
amor, se han olvidado totalmente de Mi Divinidad, se han vuelto ciegos y sordos
y para salvar su imagen a los ojos de otros, no defienden la verdad y la vida,
y Mi Madre, quien es la que ayuda en la Redención y Aboga por todos, hemos
mostrado señales y gritado hasta que nuestras gargantas sangran. Es por esto que ellos provocan la cólera y
justicia de Dios Padre.
Eso no es todo. Muchos clérigos, cuyo deber es guiar el
rebaño de ovejas al Cielo, están celebrando Misas y el Oficio Divino de maneras
superficiales, descuidan sus deberes sagrados y son infieles a las tareas que se
les han dado, involucrándose en golf, en juegos de naipes y bebiendo y gozando
de placeres junto con el mundo secular en vez de abstenerse de asociarse con
mujeres, obsesionados con y adictos a todas las cosas mundanas. Cada vez que hacen eso, Yo uso una corona de
espinas en vez de la corona real, Soy clavado en la Cruz y derramo sangre.
¡Ahora, todo clérigo, religioso y laico en el mundo! La hora del juicio severo y justo se
acerca. Pero ya que todavía no es
demasiado tarde, apresúrense a arrepentirse y hagan un esfuerzo intenso para
extinguir el fuego en Mi Sagrado Corazón, que se ha vuelto un volcán activo y
con ello prevenir el castigo de Dios Padre.
Y acérquense a Mí a través de Mi Madre, fiándose en lo trascendente de
Mi Amor, con el que amo hasta los peores pecadores. Yo, Quien los ama, estoy todavía tratando de salvarlos,
transfiriéndoles sangre que derramé en la cruz para limpiar sus manchas. Sin embargo, si se rehúsan a recibir la
transfusión, Yo no puedo ayudar.
Aquellos hijos que se apresuren hacia Mí a través de Mi Madre, quien es
Mi ayudante en Mi trabajo de Salvación, es la Mediadora y la Co-redentora,
serán contados como espigas de granos buenos en el juicio final y disfrutarán
eterna felicidad en Mi mesa en Mi Reino.
Noviembre 9, 2001
- Dedicación de la Basílica
de San Juan de Letrán en Roma
Mientras estaba haciendo las Estaciones de la Cruz (en la montaña de la
Santísima Madre en Naju), rezando y meditando profundamente en mi corazón sobre
la sentencia de muerte del Señor, cubriéndole todo con heridas de la cruel golpiza
y flagelación, y cargando la Cruz hasta el Monte Calvario, una Estación tras
otra, fui capaz de participar más íntimamente en los sufrimientos del
Señor. Sentí mi cuerpo volverse muy
pesado y no pude caminar ni un paso más.
Mientras me movía lentamente arrastrando mis pies, no pude abrir mis
ojos y estaba perdiendo la
conciencia. En la Sexta Estación,
estaba meditando en Santa Verónica aproximándose valientemente al Señor en
medio de insultos y ridículo de muchas personas, sin poner atención a ellos, y,
con todo su corazón, limpiando la cara del Señor cubierta de sangre y sudor y
limpiando Sus ojos cubiertos con sangre y coágulos de Su frente herida por la
corona de espinas, permitiendo al Señor apenas abrir Sus ojos y ver. Entonces, tuve una visión.
Vi al Señor, cubierto totalmente con heridas y sangrando, junto con la
Santísima Madre, derramando lágrimas de sangre a Su lado. Jesús estaba siendo flagelado cada vez que
la gente pecaba. Debido a la incesante
flagelación, todo Su cuerpo estaba siendo atormentado y desgarrado y estaba
sangrando continuamente. La Preciosa
Sangre brotando de su frente debido a la corona de espinas estaba cubriendo Sus
ojos. Se veía indescriptiblemente
miserable. La Santísima Madre comenzó a hablar con una voz muy amable pero
ansiosa.
LA SANTÍSIMA MADRE:
¡Mi amada hija quien ha sido llamada como una pequeña alma! El Señor, Quien es tu Redentor y ama
intensamente hasta a los pecadores más perversos, fue clavado a la Cruz, murió,
fue sepultado, y resucitó al tercer día, pero sigue derramando sangre así por
la conversión de los pecadores y por la santificación de los sacerdotes aun
ahora, dos mil años después.
Ahora, debido a la astuta tentación del demonio, incluso la mayoría de
los hijos a los que he llamado, los clérigos, y los religiosos se han vuelto
ciegos y sordos, han perdido su sentido de dirección, y están por entrar por
las anchas puertas del infierno, sin mencionar su falla de practicar los
mensajes de amor que mi Hijo Jesús y yo gritamos, aun repitiendo las mismas
palabras una y otra vez. Por esto, la
ira de Dios está lloviendo a cántaros (sobre el mundo), y, como estoy
sosteniendo la copa (de la ira de Dios), mi Corazón también está ardiendo con
llamas tan vigorosamente que se está volviendo un volcán activo. Por otra parte, también estoy siendo
consolada, porque hay pequeñas almas como tú.
¡Oh, mi amada y obediente hija que has estado tratando de volverte un
trapo para limpiar almas! Has estado
tratando también de volverte pinzas para sacar los clavos enterrados en el
cuerpo de mi Hijo Jesús cada vez que la gente comete pecados. También has querido volverte una persona que
sutura con amor las heridas en el Sagrado Corazón de Jesús y en mi Corazón
Inmaculado. También has ofrecido tu
tiempo más valioso al Señor y a mí para volverte un pañuelo para enjugar la
sangre y sudor de mi Hijo Jesús y mis lágrimas y lágrimas de sangre. ¿Qué no te quisiera dar?
Has oído y conocido bien que mi Hijo Jesús y yo estamos tristes cuando
tú estás triste; sufrimos cuando te
sientes adolorida y sufres; y mi Hijo
Jesús y yo estamos alegres y nos regocijamos cuando tú estás feliz y
contenta. Recordando que escucho
atentamente los sonidos de las oraciones fervientes que ofreces en las
Estaciones de la Cruz en el Calvario y que te acompaño, derramando lágrimas de
sangre junto a mi Hijo Jesús Quien está derramando sangre y está contigo,
despierta más y vive una vida consagrada para la conversión de los pecadores y
la santificación del clero.
¡Todos los hijos en el mundo! Les
he dicho ansiosamente que la respuesta de justicia de Dios Padre será
implacable y no puede prometerse un mañana seguro, pero ¿cómo pueden tan
negligentes de escuchar mi ansiosa súplica que grito, vomitando sangre? Ya les he implorado ansiosamente, diciendo "No atraigan a sí mismos el castigo de la
oscuridad, fuego y sangre" (Febrero 3, 1994), y les he advertido varias
veces que el tiempo de la gran aflicción está a la mano. Aún así, si no se arrepienten, y aún la
mayor parte del clero se siente tranquilo y no permanece atento, ¿qué pasará a
los rebaños de ovejas que los están siguiendo?
No hay más tiempo para titubear.
Mientras el tiempo permitido por Dios está llegando a un fin, mediten en
la era de Sodoma y Gomorra que fueron destruidas porque no había allí ni
siquiera diez personas justas, y apresúrense a despertar y orar para que sean
salvadas del castigo y del desastre del fuego ardiente de azufre que caerá
sobre el mundo.
¡Mis amados hijos que han sido llamados! Tengan en mente que este mundo ya ha caído en una crisis de
volverse cenizas por causa de los pecados extremos, pero mi Hijo Jesús les ha
dado otra oportunidad gracias a las oraciones fervientes, sacrificios y
reparaciones de ustedes, las pequeñas almas.
Al menos ustedes deben disolverse completamente en el Sagrado Corazón de
Jesús, Quien se ha vuelto la víctima del sacrificio por la reconciliación, y en
mi Corazón Inmaculado; y, convirtiendo
sus vidas en oraciones, venden las heridas sangrantes del Señor, sutúrenlas, y
límpienlas.
Cuando los sonidos de sus oraciones, las pequeñas almas unidas con amor
en la Santísima Trinidad, se combinen y se eleven a lo alto en el Cielo, la
crisis de una Tercera Guerra Mundial será alejada. Sin embargo, si los hijos en el mundo fallan al final en aceptar
los mensajes de amor que mi Hijo Jesús y yo estamos dándoles, en arrepentirse,
y en permanecer atentos, no podré sostener más la copa de la ira de Dios.
¡Mis hijos amados! Cuando mi
Hijo Jesús se siente en el trono real junto conmigo a Su lado, rodeado por
todos los ángeles en el Cielo, y separe las espigas buenas de las malas, ¿no
deberían ustedes ser contados como buenas en vez de ser separados como malas?
Por lo tanto, no duden ni pospongan sino sostengan firmemente mis manos, que
soy la cuerda que une Cielo y tierra, pongan en práctica los mensajes de amor,
y entonces participen en el trabajo de salvar este mundo. Haciendo esto, entren en el eterno banquete
celestial en medio de los vítores de los ángeles y Santos en el Cielo, donde no
hay más muerte, hambre, sed, tristeza, sufrimiento, o gemidos sino que está
lleno sólo de amor; y participen en la
gloria.
En la Décima Estación, estaba aún débil y exhausta, incapaz de abrir mis
ojos. Cuando un hombre que estaba
rezando gritó, "Ah! ¡Es sangre!" yo apenas pude abrir mis
ojos y ver sangre fresca aquí y allá en la tierra. Comenzamos a ver más de cerca y encontramos rocas y hojas caídas
con sangre en ellas desde la Tercera Estación hasta la Décimo quinta donde
Jesús Resucitó. Cuando sumergí mi dedo
en la sangre, mi dedo se manchó con sangre que parecía haber sido derramada
recientemente.
Noviembre 24, 2001
Mientras estaba haciendo las Estaciones de la Cruz cerca de las 7 a.m.
(en la Montaña de la Santísima Madre), meditando en Jesús sufriendo la agonía
de muerte, vi repentinamente rayos de luz potentes y hermosos saliendo de Jesús
colgado en la Cruz. Luego, Sus Siete
Llagas se abrieron, y brotó sangre. Los
chorros de sangre se juntaron rápidamente en uno, convirtiéndose en la
Eucaristía, y descendiendo a mi boca.
En ese momento, escuché la voz amable y amorosa de Jesús.
JESÚS:
¡Ahora, Mi pequeña alma amada!
Recibe y consume esto. Es la
Sangre de Mi Pacto que traigo para borrar los pecados de los niños en el mundo
y Mi Carne que alimenta las almas.
Disuélvete completamente en Mí para que puedas hacerte uno Conmigo; hazte uno con Mi Corazón.
¡Oh, Mi hija digna de compasión! ¡Mi pequeña alma! Que tú, que estás buscándome para no dejarme
ni por un momento y hacerte uno con Mi Amor ferviente con el cual he deseado
estar unido contigo en Mi Divinidad y humanidad, estés siendo rechazada
completamente es por causa de Mi Amor extremo por ti y tú amor extremo por
Mí. ¿Cómo pueden las gentes mundanas
atreverse siquiera a adivinar que los numerosos dolores que te han acontecido
son Mi Amor extremo por ti? Con fe,
amor y confianza total en Mí, no te haz quejado ni desanimado por los dolores
que te han acontecido mientras haz sido obediente a la diócesis que tiene
jurisdicción (en tú área) y al Pastor.
En vez de eso, los has ofrecido bondadosamente y Me has recibido
mediante comuniones espirituales con un corazón alegre. Esos pequeños sacrificios tuyos mitigan mi sed
ilimitada y también colman el Corazón ansioso de Mi Madre.
Por lo tanto, sin temer a nada pero con el arma invencible (amor por
todos) que te permitirá vencer los ataques astutos del diablo, ten completa
confianza en Mi Madre y en Mí quienes te mantendremos como una persona que
nunca cede su integridad aun en la adversidad.
¡Mi amada hija que ha sido llamada! Aun en circunstancias angustiosas,
sé agradecida en cada momento, adora al Dios Trino que es el Padre de toda la
humanidad y Quien vive por toda la eternidad y está contigo y revela Su
grandeza, y alaba Su Reino más bendito.
Como Yo he confiado todo a la Voluntad del Padre y Mi Madre también se
ha confiado a sí misma completamente a la Voluntad del Padre, ustedes deben
también confiarse totalmente a la Voluntad de Mi Madre y Mía. Manténganse completamente vacíos. Sólo entonces, Mi Madre y Yo podremos vivir
y trabajar en ustedes.
¡Mis pequeñas almas amadas!
Teniendo en mente que el aumento de los dolores acompaña la cercanía de
un nuevo nacimiento, muestren el poder del amor más diligentemente y ofrezcan
lealtad heroicamente. Entonces, la
oscuridad de la confusión será vencida.
No se preocupen en lo absoluto sobre los resultados pero hagan su mejor
esfuerzo en llevar a cabo las tareas que se les dieron. Y apresúrense hacia Mí a través de Mi Madre,
manteniendo en el fondo de sus corazones la vida eterna que ha sido ganada por
el inestimable, infinito Amor de Dios y la Salvación de la Cruz.
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